viernes, 18 de septiembre de 2015

UN PRIMER EJEMPLO DE OTRAS FORMAS DE ESCRITURA.

Generalmente se tiene la concepción de que la escritura es un proceso, un medio a través del cual un escritor puede comunicar algo a una persona receptora de su información. Se establece así un vínculo jerarquizado y consentido mediante un elemento simbólico (el lenguaje) y dos actores el escritor y el lector. La escritura sería pues, un elemento de comunicación, un elemento que nos relacionaría con  la realidad (como por ejemplo el periodismo), con la imaginación (la novela, el relato), con el pensamiento nuestro o ajeno (diario, ensayo) o con algo aún por definir o indefinible (la poesía).


Sin embargo durante el siglo XX ha habido numerosos intentos de utilizar el lenguaje de otros modos. Dos de los más notables fueron el letrismo, que intentó eliminar el contenido y desfiguró casi por completo los signos del lenguaje hasta convertirlos en apenas un balbuceo gráfico, y  la poesía concreta, que ignoró completamente el significado de las palabras transformando las letras en simples objetos estéticos y formales en busca de las cualidades icónicas de la tipografía.


Por supuesto ha habido otros intentos (algunos de ellos alejados de los movimientos vanguardistas modernos) como por ejemplo el de los artistas Outsiders. El arte Outsider es el practicado por autodidactas que desarrollan su labor casi sin contacto con el mundo artístico y que basan sus experiencias estéticas en su particular y subjetivo modo de interpretar la realidad. Sus técnicas suelen ser primitivas y algo toscas y avanzan a golpe de intuición, bordeando el delirio. Sus practicantes suelen prescindir de los materiales y formas tradicionales y de todo aquello que la academia establece como correcto.


Tsang Tsou-Choi, es un ejemplo de artista Outsider. Tsang Tsou-Choi fue un escritor que se autoproclamó rey de Kowloon, y que desde mediados de la década de los cincuenta caligrafió sin pausa  por todas la calles de Hong Kong sus reivindicaciones reales. Nacido en el año 1921 en Liantang, provincia de  Guangdong, y casi analfabeto, llegó a la ciudad de Hong kong a los 16 años para buscar trabajo en las fábricas. Con 35 años se dió cuenta, estudiando su árbol genealógico, que Kwoloon (una pequeña àrea de Hong Kong) había pertenecido a su familia. A partir de ese momento se dedicó a escribir compulsivamente sus textos (que incluían su nombre, su supuesto título, su árbol genealógico, etc)  sobre el mobiliario y las paredes de la ciudad, llegando a crear más de 55.000 obras. A Tsang, le era absolutamente igual que las autoridades las borraran, él volvía las volvía a reescribir sin cesar hasta que acabó convirtiéndose en una especie de héroe local. Tolerado por las autoridades, sin embargo su familia lo repudió y su mujer terminó por abandonarle. Tras sufrir un accidente al ser aplastado por un contenedor de basura continuó su tarea ayudado de dos muletas hasta que en el año 2003, ya anciano e imposibilitado, tuvo que abandonar la práctica artística en la calle. Ese mismo año, y gracias a la reivindicación de los artistas locales, la bienal de Venecia expuso sus caligrafías en la muestra internacional. Tsang Tsou pasó sus últimos años en un asilo, escribiendo sus textos sobre todo tipo de objetos del hogar, ropa  y papeles. Sus obras callejeras, aun a pesar de haber sido protegidas por el ayuntamiento, se han ido perdiendo y actualmente sólo se conservan 4. Falleció en 2007, a la edad de 86 años.


Este singular ejemplo nos muestra cómo la escritura puede ser un acto poético aunque carezca de cualquier atisbo de literatura. La escritura de Tasng Tsou-Choi es básicamente un acto de voluntad, la voluntad de autoafirmarse en un medio hostil, la voluntad de llevar una existencia única frente a un modo de vida masificado y monolítico. Su escritura es el testimonio de que otras formas de poesía son posibles y que se pueden manifestar lejos de los cánones de las tradiciones académicas. Quizá la literatura esté un tanto agotada en sus propuestas y necesiten de la contaminación ajena, de la periferia y el extrarradio poético, para poder respirar aires más saludables.

Primer texto de una serie de siete publicado en "Especies de espacios".