sábado, 9 de junio de 2018

Max de Esteban. 20 Red lights: El lenguaje como belleza y catástrofe.


“No hay ningún documento de cultura que no sea al mismo tiempo documento de barbarie: la respuesta es el dinero, pero ¿Cuál es la pregunta?”

El Ángelus Novus sigue mirando al pasado, paralizado, con la misma desesperanza en sus ojos de siempre, con una desesperanza eterna. Sigue con la boca abierta y las alas extendidas. Es el Ángel de la Historia. El viento de la tempestad del progreso sigue arrastrándolo hacia adelante, inevitablemente, mientras da la espalda a ese futuro que todos nosotros creemos ver delante de nuestras narices. Para este ser divino, la Historia no es una sucesión de acontecimientos que linealmente nos determina hacia un estado superior, hacia una utopía. Para el Ángelus Novus la Historia es una catástrofe, una única catástrofe que acumula las ruinas y la barbarie que los seres humanos producimos desde siempre. La Historia deja bonitos cadáveres en su trayecto y su legado. La cultura también es, al mismo tiempo, un magnífico documento de barbarie.
¿Ha querido el artista Max de Esteban fotografiar lo que el Ángel de la Historia ha visto recientemente? ¿Esas 20 luces rojas nos advierten del peligro que estamos corriendo? ¿Los algoritmos son la próxima palabra de Dios?

La exposición de Max de Esteban que podemos encontrar en la Sala Xavier Miserachs de La Virreina, Centre de la Imatge, en Barcelona está compuesta de muchas más partes de lo que parece. Además, el resultado es mucho más enriquecedor de lo que la suma de esas partes hace suponer. En la Sala de la Virreina veremos las fotos manipuladas de 20 lugares distópicos donde se muestran integrados 20 conceptos básicos del capitalismo financiero. Veremos también unas fotos de los edificios de algunos de los más importantes inversores del mundo asociados a una cifra que los codifica dentro del complejo sistema lingüístico neoliberal. Un video anfetamínico donde unos expertos financieros nos explican su visión del asunto y nos sumergen en una realidad que comparte, a partes iguales, el cinismo y el delirio. Todo esto en la sala. ¡Vale! Pero hay más. Hay una fantástica entrevista que todos podemos ver gracias a que La Virreina tiene la buena costumbre de colgarlas en su web donde el artista, Valentín Roma (comisario de la exposición) y los filósofos Franco Berardi y Michel Feher conversan sobre los temas que la exposición propone. Y por último hay un catálogo, que lo es y no lo es, donde encontraremos material adicional de los conferenciantes, más propuesta visuales del artista y unos textos que se acercan a lo poético y, a la vez, lo sobrepasan. Este catálogo no se limita a mostrar la exposición, sino que la amplía, determina y concreta a la vez siendo, para mí, una parte importante y muy bella de la muestra.

Quizá el meollo de la cuestión, o así me gustaría creerlo, se centra en el lenguaje. No me refiero al lenguaje que utiliza el artista para expresarse sino a cómo el artista observa y define el lenguaje financiero. Evidentemente el lenguaje no es simplemente un medio expresivo entre lo que dice un emisor y recibe un receptor. Al utilizar el lenguaje, éste nos modifica, nos constituye y se subvierte así la creencia de que es simplemente una herramienta inocua que utilizamos a nuestra conveniencia. Max de Esteban define el lenguaje financiero como “bello y autónomo”, a la vez que incomprensible para la mayoría de los sujetos. Su autonomía nos recuerda a la autonomía del arte, a la construcción de unas reglas internas propias que son las que rigen el desarrollo de la economía contemporánea. En la medida que el sujeto y el objeto reciben la influencia de este lenguaje cambian, se transforman. Dejan de ser lo que son para ser otra cosa. El sujeto deja de ser tal, (como afirmaba Foucault) y en sus continuas mutaciones no puede obviar la influencia constitutiva también de este lenguaje.
Hemos dicho que el lenguaje nos constituye y nos transforma, que el sujeto es una suma de capas transparentes (algunas activas otras inactivas), que el objeto también recibe el impacto del lenguaje, que el lenguaje (como ese virus del espacio exterior) nos contamina. Pero también hemos dicho que este lenguaje financiero es autónomo, difícil, bello, cerrado, abstracto, y que la relación que establecemos la mayoría de nosotros con él es mediante la Fe en el Algoritmo. No podemos comprenderlo en su totalidad y por ello, necesitamos a los nuevos profetas para que nos traduzcan sus palabras, para que mediante metáforas nos boceten su imagen.

La Fe también ha mutado. La Fe, en occidente, se ha alejado de la Iglesia y ha germinado en la economía para darle un sustrato mítico e incuestionable. No ha tenido más remedio. Para que el mundo contemporáneo no se derrumbe, el verbo económico se ha hecho carne.

Artículo publicado en Maranbunta, dispositivo de Gràcia Territori Sonor.

martes, 5 de junio de 2018

Yolanda Tabanera: fragmentos de un mundo posible 1ª parte.

En el número 11 de la revista Triadae Magazine puedes leer la entrevista que realicé a la artista plástica Yolanda Tabanera. En esta primera entrada publico unos apuntes biográficos:

Apuntes biográficos.

Yolanda Tabanera nace en Madrid en 1965. Sus primeros recuerdos se centran en las narraciones que su bisabuela le transmite de una forma un tanto irreal, mezcla de magia e historia, sobre la guerra civil, sobre el pasado reciente. Esta relación familiar dejará una profunda huella en su interpretación narrativa de la realidad y en la formación de imágenes que se depositan como sedimentos emocionales en su memoria.

La periferia urbana, donde desarrolla sus juegos infantiles, se irá convirtiendo progresivamente en un paisaje familiar. Será en su adolescencia cuando se sienta atraída por la lectura y se infiltre el cine, especialmente el de Pier Paolo Pasolini, en su modo particular de observar e interpretar la realidad.

Un poco más tarde empezará sus estudios universitarios, concretamente los de filología alemana que abandonará en favor de los de Bellas Artes. Precisamente para completarlos se trasladará a la Kunstakademie, en la ciudad alemana de Múnich donde coincidirá con el artista Daniel Spoerri, que entonces era profesor en la institución. Aunque Yolanda está lejos, estéticamente, del movimiento Fluxus y del Nuevo realismo que practica Spoerri, sí reconoce la influencia que ejerció con su actitud artística, una actitud abierta, lúdica e integradora. También en esta ciudad alemana y en estos años de formación entra en contacto con la histórica galería Van de Loo, que trabaja con los artistas del grupo Cobra y con el español Antonio Saura, con quien más tarde colaboraría.

A finales de los años ochenta, e instalada ya en Madrid, conoce al pintor donostiarra Bonifacio Alfonso que transita por los terrenos surrealistas y expresionistas cercanos a los conceptos estéticos del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Ve en el artista vasco una independencia acérrima y la mezcla indisoluble entre arte y vida, ideales que adopta y practica. Ya con este bagaje, y entrados los años 90, empieza su actividad expositiva profesional. Conoce al pintor surrealista gallego Eugenio Granell con el que entabla una buena amistad y en cuya fundación, en la ciudad de Santiago de Compostela, hace su primera exposición individual de envergadura. A partir de este hecho comienza a exponer regularmente en diversas ciudades europeas como Madrid, Roma, Múnich, Valencia ... e implementa su actividad artística con la docencia impartiendo talleres y conferencias. Actualmente vive y trabaja en Madrid.


A vista de pájaro.

Aunque muchos de los materiales con los que trabaja están tomados del arte popular como son el barro y la cerámica, el esparto o el vidrio, también utiliza el dibujo, la fotografía o las técnicas digitales para plasmar y expresar su cosmos creativo. Ha realizado también intervenciones públicas de grandes dimensiones e instalaciones para lugares específicos en museos y centros de arte de todo el mundo.



Todos estos materiales son las herramientas que utiliza para, y mediante un lenguaje propio, construir fragmentos de un mundo nuevo. Un mundo nuevo que nace, paradójicamente, de aquello perdido, olvidado o desechado, de un pasado que pocos quieren retener y conservar. Nuestra artista estudia y selecciona esos sedimentos para transformarlos y adaptarlos a sus intuiciones.

Tabanera trata, expone, mejor aún objetualiza sus preocupaciones espirituales: la relación del ser humano con su cuerpo y como aquel lo ignora. Las posibilidades orgánicas de nuevos cuerpos, sus formas. La carne como materia y parte indisoluble de nuestro ser. Las anatomías metafóricas y posibles de la mujer. La relación con las tradiciones ancestrales, el paisaje y la artesanía. La intuición y el sueño frente al raciocinio. El paso del tiempo y la deriva que se expresa en el fragmento, en la imposibilidad de completarse uno y entender el cosmos como una unidad. La mortalidad que provoca la implosión del tiempo. Lo ancestral como devenir posible: La recuperación de la memoria como elemento central para la construcción de nuestro próximo futuro, un futuro que, sin lugar a duda, plantea como orgánico.



Yolanda Tabanera: fragmentos de un mundo posible 2ª parte.


En el número 11 de la revista Triadae Magazine puedes leer la entrevista que realicé a la artista plástica Yolanda Tabanera. Puedes leela también en esta segunda entrada que le dedico en Autismos Automáticos:



¿Qué relación tienes con la artesanía y con la tradición? ¿Ahora que la tecnología todo lo invade y desplaza, qué sentido tiene para ti utilizar los materiales y las técnicas tradicionales?

En tu pregunta vinculas artesanía y tradición casi como si la primera fuera la materialización de la segunda. No me considero una artista tradicional. Ciertas técnicas artesanales que me atraen se han ido convirtiendo en herramientas de mi trabajo de una manera natural y no planeada. En el caso del esparto recuerdo que ya en mis viajes con mis padres al Sur en la infancia y adolescencia me gustaba el material y más aun los objetos colgados en casas abandonadas, restos de objetos que en esos lugares cobraban una presencia mágica. Años después cuando empecé a trabajar con objetos utilicé el esparto para hacer formas de mayor tamaño, ligeras y flexibles hasta ir desarrollando una técnica y lenguaje muy personales que he utilizado hasta hoy.
Otro caso algo diferente sería el del vidrio. En una instalación que hice en el 2002 en el Horno de la Ciudadela de Pamplona, pensé en una forma que reproducía el átomo del oro en una alusión indirecta al proceso alquímico y para la que necesitaba bolas de vidrio soplado. Para ello contacté con una cooperativa cerca de Barcelona con la que he estado trabajando durante años desarrollando muchas obras en vidrio. Esta cooperativa no era sin embargo un taller artesanal, sino una empresa industrial.
No me planteo el uso de técnicas artesanales en mi trabajo y a veces imagino piezas con técnicas más tecnológicas. Sin embargo, si es verdad que el proceso físico y manual en mi trabajo me resulta adecuado a una dimensión que me vincula con mi naturaleza humana.

¿Relacionarías la tradición con lo ancestral y la liturgia? ¿Buscas en la tradición una espiritualidad que tiende a desaparecer? ¿Es la artesanía y sus materiales y técnicas un medio para contactar con lo ancestral?

Yo conecto lo ancestral y litúrgico con un pensamiento atávico y me interesan respuestas universales y atemporales a las relaciones del hombre con lo desconocido. Lo ancestral es inmaterial y este pensamiento “mítico” se expresa objetualmente de muchas maneras, no solo artesanalmente. No busco espiritualidad en la tradición que yo relaciono con una convención de usos y costumbres sociales que definen una comunidad y que no me interesan. Sin embargo, sí me interesa el arte primitivo y otras manifestaciones artísticas al margen del eje cultural convencional que conectan con este pensamiento ancestral.


¿Qué papel jugaría lo onírico en el proceso de realización de tu obra? ¿Es más acertado llamarlo intuición primigenia, trabajo con las entrañas que utilizar la palabra onírico?

Mi trabajo surge de una búsqueda de visiones interiores que enlazan con todo lo que contiene tu pregunta. Por un lado, lo onírico en su sentido más literal de los sueños que son fuente rica de imágenes e intuiciones. Por otro lado, la inmersión en un espacio interior en una mezcla de visión anatómica y sutil se relaciona con las entrañas.  Esa inmersión me hace sentir la conexión con algo más grande que yo misma, más antiguo, la intuición primigenia que mencionas.

¿Es un espacio onírico de raíz surrealista que trabaja con tu subconsciente?

No puedo negar que me encanta el surrealismo, la posibilidad de utilizar esas capas de la mente tan desconocidas, de indagar en ellas y materializarlas fue un paso enorme en la expresión artística. Soy heredera del surrealismo y trabajo mucho con los sueños. De hecho, tengo un proyecto de “Piezas soñadas” ya que a menudo sueño con objetos con una gran claridad, objetos que aparecen en situaciones enigmáticas, en paisajes, paredes, bajo el agua. He dibujado varios de ellos y me gustaría realizarlos.


¿Te considerarías un demiurgo, una chamana que materializa un pasado que no existió pero que podía haber sido? ¿Crear, para ti, es una necesidad orgánica, primaria?

Ni demiurgo, ni chamana. Mas bien humana que ha elegido la creación para orientarse en el breve tiempo de la vida, ni siquiera intentando responder preguntas, buscando incluso las preguntas. Pero por supuesto que me identifico en algunas ocasiones con el chamán como “maestro del caos” usando el título de la gran exposición producida por el museo Quai Branly de Paris que pude ver en Caixaforum de hace un par de años. El artista como el chamán se coloca en una posición de catalizador de la extrañeza, del miedo, de la fragilidad ante el enigma del Universo, de lo físico, de la enfermedad, de la muerte y al actuar o realizar ordena de algún modo y mínimamente el caos de la vida.
Crear para mí es una necesidad orgánica y casi terapéutica. Es mi manera de meditar, de jugar, de enloquecer para armonizar.

¿Necesitas anclarte en algunas ideas básicas a la hora de crear o por el contrario te dejas llevar? ¿Planificas tus obras? ¿Hasta qué punto?

He escrito hace poco un texto describiendo mi proceso de trabajo:
Trabajar desde el caos, un caos incómodo, desesperante y pleno. Repasar en un vuelo imposible todas las imágenes y los objetos que me emocionan y revelan en un ejercicio de memoria agotador y bello. Tanto como la constante necesidad de orientarse, de verse a sí mismo, o al menos fragmentos de sí para luego jugar a que hable el material y a burlarse de los planes y proyectos. Sentir al mismo tiempo la potencia del visionario, la claridad fugaz dentro de la negrura y la impotencia de poder materializar tan sólo mínimos fragmentos de lo vislumbrado.


¿A la hora de crear necesitas olvidar lo aprendido, lo sabido, vaciarte de alguna manera? ¿Si es así, como lo consigues, si es que es posible?

Mi trabajo de taller comienza con un repaso intenso a dibujos, ideas, imágenes, visiones para llegar a un estado de mucha intensidad y plenitud. Partiendo de ahí, comienzo con el trabajo manual, dibujando, cosiendo, modelando, pintando, incluso simplemente ordenando o limpiando el estudio y desde este hacer comienza el proceso creativo.

¿Pretendes materializar, objetualizar las preguntas esenciales del ser humano, las que todos, si somos honestos con nosotros mismos, nos hacemos?

Curiosamente hasta hace poco tiempo creía que mi obra como yo misma buscaba respuestas a esas preguntas esenciales que sugieres en tu pregunta. Vida, muerte, cuerpo, trascendencia. Sin embargo, hoy ni siquiera sabría formularlas, es decir que no reconozco esas preguntas. Mi indagación es más profunda, más amplia y ya no hay preguntas ni respuestas. El arte hace posible una ampliación de la realidad, ensancha los límites y se atreve a dar forma a lo desconocido acompañando la existencia y enriqueciéndola. De esa manera se distancia de la filosofía y la religión que sí plantean preguntas y respuestas a cuestiones esenciales del ser humano.

¿Es el arte un acto comunicable? ¿Puedes, quieres y consigues hacerlo con tus obras? ¿Crees que el arte ha dejado de ser algo íntimo para convertirse también en un espectáculo?

El arte es definitivamente un acto comunicable, es una expresión, es decir surge de uno y se dirige hacia fuera estimulando una respuesta o reacción.
No quiero gustar, pero trabajando desde un espacio muy íntimo sí pretendo conmover y transformar, conmover estéticamente con una identificación a nivel profundo. No creo que el arte haya sido nunca nada íntimo, el momento creativo y los contenidos puede ser íntimos pero su materialización los expone a los demás.
Según las épocas, el arte ha sido un territorio de expresión más o menos libre pero siempre orientado hacia lo público. Hoy en día el espectáculo alrededor del arte quizás sea más mercantilización y marketing que espectáculo ¿Cómo sería un espectáculo de lo íntimo en el arte? Es una cuestión que me interesa y de la cual me ocupo actualmente

lunes, 18 de diciembre de 2017

La poesía, el libro y otros artefactos contemporáneos. Vol 1.

Este texto ha sido publicado en el número 10 del Magazine Triadae

Contextualicémonos primero.

Este artículo es simplemente una exploración básica de un fenómeno notable que se inició a principios del siglo pasado y que sigue expandiéndose en el presente. Me refiero a la huida que la poesía ha experimentado de su soporte tradicional, el libro, para buscar refugio en otros muchos soportes que no tienen nada en común entre ellos excepto su inconveniencia.

Esta exploración de nuevos territorios tiene mucho que ver con la investigación de las llamadas vanguardias históricas. Éstas fueron el punto de partida, la detonación de las múltiples posibilidades que la imaginación de los creadores y las nuevas tecnologías del momento ofrecían. Todos tenemos en la memoria los juegos tipográficos futuristas y dadaístas, los panfletos airados de los unos y de los otros y el juego con los nuevos materiales. Es de destacar el libro metálico realizado por el futurista Fortunato Depero y los juegos visuales y lingüísticos del tándem Vladímir Mayakovski – Aleksandr Ródchenko en su agencia de publicidad.

Los futuristas y dadaístas fueron los primeros en observar las grandes posibilidades de la poesía sonora, desligada ya no solo del libro tradicional sino de las formas poéticas y hasta del sentido del lenguaje. Según Richard Huelsenbeck el poema fonético “introduce el irracionalismo total en la literatura”. Aunque Hugo Ball ya había experimentado con este tipo de poesía en el Cabaret Voltaire, serán Raoul Hausmann y Kurt Schwitters quienes mejor la desarrollarán. El primero con el concepto de poemas optofonéticos que son composiciones construidas a base de letras combinadas tipográficamente para hacer oír la obra a través de los ojos y verla a través de los oídos. Switters realizó la Ursonate, una composición de sonidos primitivos en cuatro movimientos que es considerada la obra cumbre de este tipo de poética.

Personaje clave en esta transformación de la poesía es sin duda Marcel Duchamp. El artista francés ya en los años 20 y 30 creó instalaciones que eran simplemente instrucciones enviadas por correo postal que el destinatario realizaba, si lo creía oportuno, en la otra parte del mundo. También utilizó las postales como objetos artísticos y poéticos, donde prevalecían los juegos lingüísticos y sonoros. En cierto modo “El gran vidrio” es simplemente la materialización diagramática de un poema humorístico que, realmente, solo se puede interpretar totalmente si leemos las “instrucciones poéticas” que el autor dejó impresas en su “Caja Verde. La novia desnudada por sus solteros, incluso”.




Otra de las explosiones poéticas que detonan el libro, es la poesía concreta que se desarrolla originariamente en Brasil en la década de los años 50 por el grupo Noigandres. En su manifiesto “Plan Piloto para la Poesía Concreta” nombran como sus influencias más notables a los Calligrammes de Guillaume Apollinaire y el libro de Stéphane Mallarmé “Un Coup De Dés Jamais N’Abolira Le Hasard”. Esta corriente interpreta el texto como cosa, como material objetivo, prescindiendo muchas veces de su significado léxico. Las letras se convierten en elementos plásticos autorreferenciales, que son bellos por sí mismos y que, como estructuras, se pueden agrupar y descomponer. También es de destacar la influencia del poeta americano Erza Pound con sus teorías sobre los “ideogramas”, donde alaba las virtudes de aquellos signos que con su sola representación se relacionan con el contenido.

Pero el movimiento artístico que mejor exploró la rematerialización de los elementos poéticos, la destrucción y reconstrucción del arte y la vida fue sin duda Fluxus.  Fluxus, más que un ismo artístico fue y es, según el fallecido artista francés Robert Filliou, “un estado del espíritu, un modo de vida impregnado de una soberbia libertad de pensar, de expresar y de elegir.” Con Fluxus todo el mundo puede ser un artista y se intensifica el intercambio de ideas, de trabajos y la hibridación entre las diversas disciplinas. El libro se desmonta y se vuelve a montar, se cuestiona su forma, su tamaño, su utilidad, su difusión, su propio contenido y es entonces cuando se generaliza el llamado “libro de artista”. 

También entonces se desarrolla el concepto de “Revista ensamblada” donde un coordinador es el encargado de reunir las páginas que cada autor ha realizado para ensamblarlas y redistribuirlas. Con Fluxus, la poesía no existe solo en el texto ya que también la podemos encontrar en unas nuevas formas de expresión que se desarrollarán a partir de entonces: el Happening y la Performance. También se intensifican las revistas artísticas y gracias al Mail-art se expanden las nuevas ideas rápidamente por todo el mundo. La música es cuestionada y la alta cultura puesta en solfa. Fluxus pretende que el arte se diluya en nuestra vida cotidiana, que todo esté impregnado por el arte.

¿Pero mientras que pasaba en la península?

Sintéticamente comentar que una parte de estas influencias que hemos comentado, especialmente las relacionadas con la poesía concreta entran en Catalunya gracias a la relación de Joan Brossa con el poeta y diplomático brasileño Joao Cabral de Melo en los años 50. Cabral le dio a conocer a Brossa las nuevas poéticas, especialmente las desarrolladas en su país, y le ayudó a alejarse del mundo mágico para centrarse en un mundo material concreto y definible, todo ello con un carácter político de marcado acento Marxista. Otro de los introductores de las nuevas ideas fue Julio Campal, que aparte de su obra poética, hizo también un trabajo marcadamente didáctico y de difusión en una península hostil y reacia hacia las nuevas tesis.

Julio Campal nació en Montevideo, Uruguay en 1933, hijo de emigrantes asturianos llegó a España a finales del año 1961, donde empezará a relacionarse con los círculos poéticos antifranquistas y se integrará en la sección madrileña de las Juventudes Musicales formando parte del grupo poético “Problemática 63”. Campal fue un infatigable organizador de actos y conferencias divulgando las posibilidades del surrealismo y dadaísmo y ejercitando las nuevas poéticas concretas. Para él la Vanguardia era la sensibilidad necesaria para expresar el progreso social a través de la cultura.

En enero de 1965, junto al poeta vasco Enrique Uribe y los pintores Isabel Krutiwig e Ignacio Urrutia, organizan la primera muestra en el territorio nacional de poesía concreta en la galería bilbaína “Grises”. Desgraciadamente el poeta muere en el mes de marzo de 1968 dejando tras de sí una gran obra embrionaria que desarrollarán algunos de sus seguidores, con Fernando Millán a la cabeza, que más tarde fundará el “Grupo N.O.”


Pero si hay un personaje que puede aglutinar toda esta historia de expansión de lo poético, que recoge y amplía todas estas ideas, que no solo teoriza, sino que plasma físicamente todas sus investigaciones, ese personaje es sin duda el escritor mejicano Ulises Carrión. Ulises empezó escribiendo y publicando narrativa convencional en su país, pero a la vez que lo abandonaba fue expandiendo su idea de literatura. El contacto con artistas Fluxus, su vida en la ciudad de Ámsterdam y su inagotable energía le llevaron a crear una librería especializada en libros de artista, revistas autoeditadas, posters y postales artísticas y un lugar de intercambio y transmisión de Mail-art de todo el mundo: la mítica Other Books & So. No nos detendremos aquí en este poliédrico artista ni tampoco en sus obras, simplemente recordar que él, a modo de un nuevo Lope de Vega, escribe “El nuevo arte de hacer libros”, donde expone su visión del texto, del libro y de las relaciones de amor-odio que se establecen entre ellos. También observa como el antiguo escritor realmente lo que escribía eran textos. Por el contrario, el escritor contemporáneo ha de saber que un libro es mucho más que un texto y ha de conocer todas esas características para poder aprovecharlas y realizar objetos con una nueva identidad.


Dos últimos apuntes para finalizar esta pequeña introducción, esta limitada vista aérea de un contexto casi infinito que intenta visualizar cómo la poesía y el libro pierden en el siglo XX parte de su idiosincrasia para transformarse y mezclarse con múltiples elementos y artefactos que, en un principio, parecerían ajenos a ellos. El primer apunte al que nos referimos es el Do it yourself (hágalo usted mismo) proveniente del Punk y de la música llamada Industrial que en los finales de los años setenta y durante todos los años ochenta desarrollaron toda una imaginería personal que se popularizó, juntamente con su música, gracias a las cintas de casete y al fanzine y que se distribuyó mundialmente mediante el Mail-art. El segundo esbozo y último al que haremos referencia es a la Polipoesía, nacida en Italia de la mano de Enzo Minarelli y que se introdujo en la península gracias al trabajo incansable del poeta catalán Xavier Sabater. Éste organizó múltiples festivales, editó revistas, libros y artículos sobre el tema y facilitó con ello el nacimiento del grupo polipoético más conocido en el estado español, Els accidents polipoétics.



Evidentemente ha habido muchos más movimientos y artistas que han intentado darle la vuelta a la poesía y al formato libro y han creado multitud de artefactos para desarrollar sus ideas al respecto. En próximos artículos intentaremos describirlos y mostrarlos de una manera más profunda para poder observar y analizar conscientemente un presente lleno de novedades y atrevimiento.

miércoles, 17 de mayo de 2017

HASTA LA DESAPARICIÓN RADICAL Y MÁS ALLÁ:

Más apuntes sobre una posible estética de la desaparición.

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Si insistimos en la propuesta de un posible catálogo de artistas que han trabajado en las cercanías de una estética de la desaparición, uno de los que invariablemente ocuparía un lugar de honor sería el músico de origen armenio Aram Slobodian.

No está clara la fecha de su nacimiento, pero se cree que pudo ser el año 1918 o 1919 en Yereban, Armenia en pleno genocidio por parte de los Jóvenes Turcos, gobernantes del imperio Otomano. Debido a ello su familia se exilia y se traslada a la ciudad italiana de Trieste. En 1938 se matricula, por un único año, en el conservatorio de la ciudad. El año siguiente abandona Italia debido a la creciente crispación política y se establece en Zurich, donde reside hasta 1946. En esta ciudad entra en contacto con el músico suizo Conrad Beck y se casa con su hija para trasladarse posteriormente a París. En una fecha sin concretar se traslada a Nueva York donde se nacionaliza estadounidense. Hay documentos que acreditan su estancia en el año 1963 en España, concretamente en Cuenca en el Gabinete de música electroacústica. Muere en extrañas circunstancias el año siguiente mientras hacía un trayecto en barco por de las islas Bahamas.

Slobodian, después de componer, dirigir y grabar sus composiciones, se preguntaba cómo podía manipular su propia música, cómo podía tratarla como si fuera materia y estuviera sometida a las leyes de la física, cómo podía transformar ese objeto sonoro que había creado en una expresión fiel a su tiempo. Observó entonces que podía convertir su música en velocidad, que el sonido grabado se podía acelerar casi infinitamente y convertirse de esa forma en un reflejo, en un signo de su tiempo. Consecuente con sus ideas, Aram se dedicó a regrabar sus composiciones una y otra vez con diversos magnetófonos acelerando progresivamente sus sonidos hasta hacer que la música se volviera irreconocible. De esta forma sus composiciones se fueron diluyendo en la velocidad, hasta casi su total desaparición quedando únicamente la compresión de esos sonidos … un breve suspiro de lo acontecido.

Ese breve suspiro de tiempo expuesto por el compositor armenio ejemplifica a la perfección lo que ha sido la modernidad: una aceleración continua del tiempo hasta su implosión. Sin embargo, con el advenimiento de la posmodernidad y el cinismo que conlleva, el acto de la desaparición se ha ido haciendo más y más difícil hasta convertirse realmente en un simulacro. Pongamos un claro ejemplo: Michael Landy, un “joven artista británico” que en el año 2001 realizó “Break Down”, una performance que consistió en destruir todas y cada una de sus posesiones. El artista alquiló una tienda de ropa de la cadena C&A en Oxford Street que había cerrado recientemente y catalogó todos sus bienes, en total unos 7.227 objetos, que destruyó públicamente con la ayuda de diez obreros y una cadena, en este caso, de desmontaje. Entre esos siete mil y pico objetos se encontraban también su ropa y efectos personales (cartas, postales, regalos), sus discos y libros más preciados e incluso su vehículo particular.

Este acto de desaparición, de nihilismo extremo contiene, sin embargo, una paradoja típica de nuestro tiempo, ya que, aunque esta obra sumió al artista británico en la pobreza también le proporcionó una buena dosis de publicidad que lo situó en la punta del iceberg de la crítica de arte y consiguió, en lugar de una supuesta desaparición, una clara y nítida visibilidad.

Pero volvamos al asunto de la desaparición (a la desaparición entendida como programa estético radical y no como simulación), y volvamos pues a nuestro músico armenio Aram Slobodian. De su escaso y poco conocido repertorio, dos son sus obras fundamentales que tratan el tiempo como objeto y materia, donde el tiempo es el proceso y el resultado, donde la desaparición física de la música es la consecuencia de la aceleración y la implosión temporal:

La primera es  “La femme à barbe”, una pieza de unas tres horas y media para soprano “barbuda”, septeto de cuerda, pianola y percusión que se grabó bajo la supervisión del músico francés Pierre Henry en cinta magnetofónica y que se fue copiando sucesivamente hasta veinticinco veces resultando una pieza casi inaudible. Hay que tener en cuenta también la importancia de la puesta en escena ya que en su estreno en 1958 los intérpretes figuraban tocar en playback mientras sonaba la cinta magnetoscópica de la obra musical.

La segunda se denominó “The sound of Speed” y fue presentada en Chicago y en Nueva York en el año 1963. Es una suite para solo de clarinete cuya duración original es de cuatro horas y que fue comprimida hasta los treinta y seis segundos. Después de unas acusaciones por parte de Pierre Boulez tachándola de burguesa, Slobodian volvió a trabajar en ella hasta reducirla a los 34 segundos de los que consta actualmente. El crítico Rubén Gutiérrez del Castillo comenta a propósito de este trabajo, que “el tiempo deja de importar y que su objetivo final no sería otro que el de abolir las propias leyes de la física humana”.

En esta supuesta estética de la desaparición el aspecto físico, material del propio arte, de su peso, de su volumen, de su duración es un factor primordial y fundacional. Estos artistas de la desaparición pretenden reducir el aspecto sustancial del arte a su mínima expresión, a su elemento nuclear; tensar el arte hasta el límite para cuestionar así los límites del arte planteándonos la siguiente cuestión: ¿Cuándo una obra de arte dejar de serlo para diluirse en la nada?

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Entrevistador: ¿Tu sabes algo de Aram Slobodian?
Eduardo Polonio: Absolutamente nada, porque no existe, ja ja. Es un fake, ideamos un disco de homenaje a su música totalmente inventado y todos hemos seguido la broma, por llamarlo de alguna manera.
Entrevistador: Ja ja, pues yo me lo había tragado, ¿y de quién proviene la idea?
Eduardo Polonio: Esto lo promovió el director de Ars Sonora, Miguel Fernández, con un grupo de gente diversa. Dieron unas músicas que no sé realmente muy bien de dónde sacaron e iban dando pistas sobre la misma. En el fondo no tenían ningún fundamento, como por ejemplo que había trabajado en el Gabinete de Música Electrónica de Cuenca, cuando por las fechas que daban no coincidía en absoluto … Hay un CD editado, con foto y todo. A mí me encantan este tipo de juegos.

martes, 21 de junio de 2016

MARCEL PEY: VERSOS EN EL FILO DE LA NAVAJA



Marcel Pey inició su trabajo allá por los años 70 influido por el rock y la estética
underground de origen anglosajón, de la que surgieron sus primeros libros de artista y
también sus primeros super 8. En los libros de artista fusiona unas imágenes de tamiz
oscuro, narcisista y violento con unos textos a medio camino entre el decadentismo y la
distopía. Marcel ha sido de los primeros poetas en  mezclar medios modernos sin ningún
tipo de complejo. Así sus últimos trabajos hibridan el video digital con el texto, creando

una secuencia que se distancia de la narración para adentrarse en el fragmento:

Marcel Pey un poeta en perpetua mutación.











1.   Aunque se suele describir tu obra mediante tres elementos: los libros, las fotografías y las películas, creo que hay en ello un criterio metodológico demasiado obvio. ¿No crees que esta clasificación mediante tipos de soportes no hace otra cosa que esconder y dispersar el aliento poético que es lo que determina realmente tu obra?

Las clasificaciones las hacen los críticos y estudiosos. Como los críticos y los estudiosos trabajan demasiado a menudo sobre parcelas de saber independientes, es natural que los tres elementos que conforman mi obra se vean ubicados en compartimientos estancos. Así ha sucedido a lo largo de décadas. En todo caso, he repetido hasta la saciedad que lo que yo hago es poesía. Creo que el que se acerca a mi obra de una forma directa entiende esto perfectamente y prescinde de clasificaciones.

2.     Eres de la opinión de que en un mundo del arte donde todo está clasificado, tu obra no acaba de encajar: es fotografía pero describe un mundo lejano al arte del comisariado donde predomina el discurso, y no es poesía en el sentido tradicional del término ya que los textos y las imágenes van íntimamente ligadas unas a otras.

Si lo que quieres decir es que mi obra es poco neutra y versátil, de acuerdo, pero sólo hasta cierto punto. De lo que estoy seguro es que el tiempo me ha dado la razón, puesto que la gente joven trabaja los distintos soportes con absoluta naturalidad y las interrelaciones son en la actualidad habituales. Tampoco creo que se planteen estas cuestiones.

3.     ¿Quizá, resulta que no estás del todo ni en un mundo ni en el otro y los dos te ven con recelo o incomprensión?

Que vean lo que quieran.

4.     ¿Tu visión poética es vivencial, tiene que ver con tu vida ordinaria o por el contrario es un artificio conscientemente construido?

Si lo que preguntas es si mi poesía tiene que ver con la llamada poesía de la experiencia, tetengo que decir que en absoluto, aunque me gusta Jaime Gil de Biedma. Por otra parte, hacer arte sin artificio es imposible. La propia palabra lo demuestra.

5.     En unas declaraciones afirmas: “Mi poesía refleja un universo negativo que adopta una forma de psychothriller”¿Podríamos entender tus obras como trailers de un universo poético, pinceladas fragmentarias de una construcción distópica que existe sólo en tu cabeza donde ángeles y sádicos se mezclancon cámaras de videovigilancia?

Cuando hablo de psychothriller estoy pensando en obras como “Neuromancer” de William Gibson, por lo que la distopía es cierta. La imposibilidad de saber qué ocurre fuera de mi cabeza me aleja de otras consideraciones, aunque reconozco que los recuerdos del pasado remoto me siguen atormentando.

6.     ¿Este universo negativo que describes lo es por esteticismo, o tiene que ver en ello tu visión de la sociedad que se refleja luego en tu visión poética?

El reflejo del momento presente parece ser inherente a cualquier obra. Tu mente cambia con los tiempos y el entorno altera la percepción de lo vivido. Me seduce la estética de algunas épocas pretéritas y comprobar su afianzamiento. Por ponerte un ejemplo, “Chelsea Girls” de Andy Warhol o “The Naked Lunch” de William Burroughs, en donde el “underground” se entendía de manera absolutamente distinta a la actual.

7.     ¿La suma de tus libros,  fotografías, films, video-poemas nos darían una visión global de tu ideario estético?

Seguramente es la única manera de entender mi poética, aunque pienso que ahora mismo es una tarea imposible, atendiendo al tipo de formatos, la no distribución de muchas de mis obras y su presencia en colecciones privadas no accesibles al público. Pero no sé si es más importante la visión global que la fragmentaria. Así pues, a partir de lo que tenga, que cada uno llegue a sus propias conclusiones y confeccione su propio relato.

8.     ¿Tus obras contienen una banda sonora implícita? ¿Cuáles serían esos grupos que están en el sonido oculto de tus poemas?

Depende de la época. La banda sonora implícita es muy extensa. Ahora mismo se me ocurren The Cream, David Bowie, The Velvet Underground, Bauhaus, Joy Division, Siouxsie, Tom Waits, Jarboe… y por supuesto, Brian Ferry. En fin, no acabaríamos nunca.

9.     ¿Cuáles son tus influencias fotográficas, literarias y cinematográficas?

¿Qué te voy a decir? Te voy a seleccionar tres para no hacerme pesado. Soy admirador declarado de Helmut Newton, William Blake y Kenneth Anger.

10.   Me gustaría que nos contaras cómo comenzaste a hacer libros de artista. ¿A qué se debió esa inquietud? ¿Tuviste claro desde el principio que debías mezclar texto e imagen?

El libro de artista es un tipo de formato que se adaptaba muy bien a mi obra. Proporcionaba libertad, control del proceso y selección de público. Aunque en 1972 poca gente en el país se dedicaba a este tipo de trabajo, internacionalmente era de lo más normal. Para los conceptuales, texto e imagen podían juntarse sin ningún problema. Seguramente mi aportación fue la utilización de un texto poético, cosa que resultó más difícil de comprender.

11.   ¿Podemos decir que utilizas el libro (me refiero a las ediciones de artista) como si fueran bocetos, sugerencias y ambientes, una especie de guión abierto de esos filmes que realmente nunca has deseado filmar?

A ver si nos entendemos. El guión me es ajeno; mis ediciones de artista no son bocetos, sino obras concluidas de la forma deseada. El cine narrativo, al menos en mi opinión, se aleja de la poesía, por lo que me interesa más como espectador que como creador.
¿Preguntas si puede transformarse toda mi obra en una película? ¿Tendría yo que transformarla porque no es más que un guión?

12.   ¿Tu visión del poema es una visión dinámica, aunque no estrictamente
narrativa?

La noche se mueve.


*Podéis leer la entrevista y algunos de sus versos traducidos al castellano en los números 4 y 6 de TriadaeMagazine